Wednesday, July 24, 2013

[Letra K] - Kafka


Letra K

KAFKA

Kafka carece realmente de cualquier vanidad de escritor, nunca se envanece, no puede envanecerse. Se ve pequeño y avanza a pasos cortos. Donde quiera que pone el pie, advierte la inseguridad del suelo. No nos sostiene, mientras estamos con él nada nos sostiene. Y así renuncia él al engaño y a los artificios de los escritores, cuyo brillo, que él percibía perfectamente, no encontramos en sus propias palabras. Con él tenemos que avanzar a pasos cortos y nos volvemos modestos. No hay nada en la más reciente literatura que nos vuelva tan modestos. Él reduce la ampulosidad de cualquier vida. Mientras lo leemos, nos volvemos buenos, pero sin enorgullecemos de ello. Las prédicas enorgullecen a aquellos a quienes conmueven: Kafka renuncia a la prédica. No transmite los mandatos de su padre. Una extraña obstinación, el más grande de sus dones, le permite interrumpir la concatenación de mandatos que se van transmitiendo continuamente de padres a hijos. Se sustrae a su poderío; lo que tienen de energía externa, de animalidad, se anula en él. Tanto más le preocupa, en cambio, su contenido. Los mandatos se convierten para él en reparos. Entre todos los escritores es el único que no ha sido contaminado en absoluto por el poder; no hay poder alguno, sea del tipo que sea, que él haya ejercido. Despojó a Dios de los últimos vestigios de paternidad. Y lo que queda es una red espesa e indestructible de reparos relacionados con la vida misma y no con las pretensiones de su creador. Los otros escritores imitan a Dios y se comportan como creadores. Kafka, que jamás quiere ser un dios, tampoco es nunca un niño. Lo que algunos encuentran aterrador en él, y que a mí también me inquieta, es su constante condición de adulto. Piensa sin mandar, pero también sin jugar.

*** La provincia del hombre 1943-1972. (1947). [Ed. GG: pp. 142-143]

Tal vez Kafka nos ha inmunizado contra cualquier arrogancia, ya sea abierta u oculta. Cuando los hombres «bellos» del pasado (y ahora no estoy pensando en Cardano) describen sus vidas como sí fueran algo apropiado a ellos, sin dudas ni vacilaciones, sin sentir desconcierto ante su posible influencia (ni tampoco ante el estado del mundo), nos invade cierta impaciencia e incredulidad, como si se tratara de los habitantes de otra estrella, sobre la que no podemos saber nada digno de ser tomado en serio.
Con Kafka llegó al mundo algo nuevo, un sentimiento más preciso de su carácter discutible y problemático que, sin embargo, va unido no al odio, sino al respeto hacia la vida. La conjunción de estas dos actitudes mentales –respeto a la vida y sentimiento del carácter discutible y problemático del mundo– es algo único, y cuando la hemos vivido una vez, ya no podemos prescindir de ella...

*** La provincia del hombre 1943-1972. (1968). [Ed. GG: pp. 341-342]

¿De qué te avergüenzas tanto cuando lees a Kafka? —Te avergüenzas de tu fuerza.

*** La provincia del hombre 1943-1972. (1968). [Ed. GG: pág. 342]

Frente a unos cuantos creadores, muy pocos, mi amor propio se desvanece por completo. No son aquellos que más han producido; éstos, por el contrario, no hacen sino estimularnos. Son más bien aquellos que, detrás de sus logros, vieron cosas más importantes e inalcanzables, de suerte que todo cuanto creaban se les iba reduciendo hasta desaparecer.
Entre estos creadores se encuentra para mí Kafka, que por eso mismo me influyó más profundamente que, por ejemplo, Proust, cuya obra es incomparablemente más amplia.

*** La provincia del hombre 1943-1972. (1968). [Ed. GG: pág. 347]

Eres menos creíble que Kafka por vivir ya tanto.
Pero podría ser que los «jóvenes» busquen ayuda en ti contra la epidemia de muerte que existe en la literatura.
Como alguien que cada año desprecia más a  la muerte, eres necesario.

*** El corazón secreto del reloj 1973-1985. (1975). [Ed. GG: pág. 426]

Esta inquebrantable sensación de perdurar, no menguada por ninguna muerte, ninguna desesperación, ninguna pasión por los otros, mejores (Kafka, Walser): no logro hacerle frente. Sólo puedo registrarla con repulsión.

Sin embargo, es cierto que sólo aquí, sentado a mi mesa, ante las hojas de estos árboles cuyo movimiento me viene emocionando hace ya veinte años, soy yo mismo, sólo aquí se mantiene intacta esta sensación, mi seguridad atrozmente maravillosa, y quizá deba tenerla para no rendir las armas ante la muerte.

*** El corazón secreto del reloj 1973-1985. (1975). [Ed. GG: pág. 431]

A través de las novelas que por fin me he permitido leer, doy vida a los miles de personajes y situaciones que, inquietos, dormitan dentro de mí. Todo libro que esté a la altura de sus pretensiones removerá una zona distinta de la vida. Tengo que hacer esto, me digo hoy día, tengo que describir aquello, me diré mañana. ¡Hacia dónde tender la mano, si es tanto lo que despierta! Y aunque con menos fuerza, sigo sospechando que no es justo poner la mirada solamente en aquello que ha sido mi vida. ¿Lo realmente importante no es acaso quién recuerda? ¿Merece existir el recuerdo puro y simple como si, de todas formas, representara también el de los demás?
Y uno añora así los tiempos en que nada era aún experiencia y todo era intuición. Sólo los escritores que murieron muy jóvenes, como Büchner o Trakl, conservaron la pureza de su intuición. A todos los demás se les fue transformando poco a poco en experiencia. En este único aspecto puede decirse que también Kafka siguió siendo siempre el mismo; desde un principio tuvo una unidad, la de su edad, y se libró de rejuvenecer más tarde.
Pero esto, precisamente esto, es lo que me ha ocurrido.

*** Hampstead. Apuntes rescatados 1954-1971. (1966). [Ed. GG: pág. 774]

Basta con leer dos frases seguidas de Kafka para que nos sintamos más pequeños de lo que él mismo se imaginó ser. Su pasión por el autoempequeñecimiento se transmite al lector.

*** Hampstead. Apuntes rescatados 1954-1971. (1966). [Ed. GG: pág. 784]

El soliloquio se ha vuelto algo tan insípido, vacío, estéril, aburrido, verboso, desabrido, incoloro e inodoro, que más te valdría hablarle a quien sea. También podría ser alguien inventado, sólo «yo» y «tú» deben desaparecer definitivamente, pudrirse, evaporarse.
Él, él, él, y solamente él, algo del apocamiento y de la castidad de Kafka, en vez de ese alardeo y esa pose de adepto.

*** Hampstead. Apuntes rescatados 1954-1971. (1967). [Ed. GG: pág. 804]






Cuando pienso en Kafka me veo a mí mismo como un saltabardales o un estudiante, unas veces lo uno y otras, lo otro, pero nunca me siento algo más, y debo decirme que soy demasiado basto para ser sabio algún día.

*** Hampstead. Apuntes rescatados 1954-1971. (1968). [Ed. GG: pág. 813]

El tono que recorre a Kafka: una como debilidad sonora. Pero no es debilidad, es la renuncia al más allá, y Jo que queda es el sonido de la renuncia.

*** Hampstead. Apuntes rescatados 1954-1971. (1968). [Ed. GG: pág. 813]


Esta incesante autodenigración ante Kafka:
¿porque como a la buena de Dios? (nunca me he preocupado por lo que como);
¿porque él se esfuerza en conseguir una precisión de la que yo soy incapaz? (sólo conozco la precisión de mis exageraciones);
¿porque ha quedado claro que puedo ser feliz y no evito serlo?;
¿porque puedo comunicarme fácilmente y sin reserva y siento lo detestable que esto hubiera sido para él?;
¿porque no le permitieron dejarse un solo hueso sano? (yo solamente tengo huesos sanos);
¿porque estoy contagiado por él y he cambiado mi propia modalidad de autoodio por la suya?

*** Hampstead. Apuntes rescatados 1954-1971. (1968). [Ed. GG: pág. 815]

Ante Kafka yazgo en el polvo, Proust me colma, Musil es para mí un ejercicio intelectual.

*** Hampstead. Apuntes rescatados 1954-1971. (1968). [Ed. GG: pág. 815]

Volver a la oratoria, a la gran oratoria, huyendo del resecamiento ascético de las palabras.
Destronar a la exactitud de su sitial divino.
Seguir de nuevo la inflamación y la pasión.
Kafka ha influido demasiado en mí en estos últimos años. Me ha quitado el gusto por la expansión, que era el aliento de mi vida.

*** Apuntes 1973-1984. (1974). [Ed. GG: pág. 873]

A veces amargura por Kafka, porque se fue tan deprisa. ¿Envidia? Sí, ahora él envidia a todo el que no ha vivido su fama.

*** Apuntes 1973-1984. (1982). [Ed. GG: pág. 939]

Wednesday, July 17, 2013

[Letra J] - Judíos


Letra J

JUDÍOS

La máxima tentación espiritual de mi vida, la única contra la que tengo que librar una durísima batalla, es la de ser totalmente judío. El Antiguo Testamento, donde quiera que lo abra, me deja subyugado. Prácticamente en cada pasaje descubro algo que se adecúa a mí. Me gustaría llamarme Noé o Abraham, aunque también mi propio nombre me llena de orgullo. Cuando emprendo el riesgo de sumergirme en las historias de José o de David, intento decirme que ambos me fascinan en cuanto escritor, y ¿a qué escritor no le habrían fascinado? Pero no es cierto, lo cierto es que hay mucho más. Pues ¿por qué volví a encontrar en la Biblia mi sueño de la futura longevidad de los hombres en forma de lista de los antiguos patriarcas, como pasado? ¿Por qué el salmista odia a la muerte como sólo yo la aborrezco? He despreciado a mis amigos cuando renunciaban a la tentación de integrarse a diversos pueblos y volvían ciegamente a ser judíos, nada más que judíos. ¡Qué difícil me resulta ahora no imitarlos! Los nuevos muertos, los que han muerto mucho antes de que les llegara su hora, nos suplican con insistencia, y ¿quién tendría corazón para decirles que no? Pero ¿no están acaso los nuevos muertos en todas partes, en todos los bandos, en todos los pueblos? ¿Debo acaso cerrarme a los rusos porque hay judíos? ¿A los chinos porque están lejos? ¿A los alemanes porque están poseídos por el demonio? ¿No puedo seguir perteneciendo a todos ellos, como hasta ahora, y sin embargo ser judío?.

*** La provincia del hombre 1943-1972. (1944). [Ed. GG: pág. 77]


La lengua de mi espíritu seguirá siendo el alemán, y ello porque soy judío. Lo que queda del país al que han arrasado de todas las maneras posibles, quiero, como judío, conservarlo dentro de mí. Su destino es también el mío, pero yo llevo además en mí una parte de la herencia común de la humanidad. Quiero devolver a su lengua lo que le debo. Quiero contribuir a que haya algo que agradecerles.

*** La provincia del hombre 1943-1972. (1944). [Ed. GG: pág. 79]


¿Y si resultara que todos creyesen lo falso? ¿Si resultara que cada cual provocase lo contrario de aquello en lo que cree?
¡Mira a los grandes fanáticos, capaces de creer tan intensamente que acaban contagiando a miles y miles! ¡La doctrina cristiana del amor y la Inquisición! ¡El fundador del Reich milenario de los alemanes y la dispersión y el extravío de éstos! ¡El salvador blanco de los aztecas bajo la forma de los españoles que los destruyen! ¡El aislamiento de los judíos como pueblo elegido y el final de su aislamiento en las cámaras de gas! ¡La fe en el progreso y su culminación en la bomba atómica!
Es como si toda fe fuese su propia maldición, ¿Habrá que partir de aquí para resolver el enigma de la fe?

*** La provincia del hombre 1943-1972. (1964). [Ed. GG: pág. 299]

Hay quienes han querido ser olvidados y desaparecer del todo. A ellos pertenecía Avraham Sonne, el hombre sin ta* cha, el Úflíco ¿l que he admirado y querido sin ningún tipo de limitaciones.
Otros, que io conocieron antes o después, han pensado lo mismo sobre él. Y ahora no lo dejamos en paz. Sus escasos poemas, escritos en hebreo, han sido publicados. Un joven judío inglés los ha traducido al inglés. Uno de ellos, realmente magnífico, trata de su profundo deseo de desaparecer sin dejar el menor rastro. De las conversaciones que mantuvo con él formó Broch a su Virgilio. Yo mismo hablo a menudo de él; siempre que quiero decir lo más maravilloso sobre los seres humanos, hablo de Sonne. No he anotado las conversaciones que mantuvimos durante cuatro áridos años de mi vida, cuyo único contenido fue él. Pero se han integrado tanto en mí que también me compongo de ellas, son el anillo más importante del árbol que a veces siento ser, un anillo de cuatro años. Si algún día escribo mi vida -y cada vez me siento más impulsado a hacerlo-, él figuraría en ella como un personaje central.
Quienes lo comprendieron más profundamente frustran así el deseo con que él mismo dio sentido y unidad a su vida, y sus amigos más íntimos lo arrastran nuevamente a la luz. A ninguno de ellos le es posible actuar de otra manera, cada uno está tan lleno de él que tendría que falsearse para callar sobre su persona.

Me duele no poder decirle por qué me resulta imposible callar sobre él. Podría decírselo de forma tal que me entendiera, y estaría seguro de obtener su perdón, que él jamás enunciaría.


*** Hampstead. (1970). [Ed. GG: pp. 834-835]

Me irrita la obediencia a Dios de los judíos, aquello que los ha sustentado a lo largo de milenios. En sus historias más maravillosas y sabias... resurge una y otra vez esa obediencia. ¡Cuánto quiero a sus lectores, que se quedan pobres porque leen y, no obstante, son tenidos en mucho o, al menos, respetados! ¡Cómo me agrada la justicia que exigen a los hombres, su paciencia y, a menudo, su bondad! ¡Pero siempre aborrezco su obediencia ante esa interminable amenaza que es Dios! Sé que en esto soy un hijo de mi tiempo. Demasiada obediencia he presenciado, y ya ni siquiera puede decirse que la prestada a Dios fuera la más obediente, aunque siempre era ejemplar, con menos no querrían darse por satisfechos los poderosos; las reverencias que yo solía ver de niño se repetían ante los amos visibles con un efecto terrible.
Pero ¿es acaso posible oponerse a los amos visibles sin ningún amo invisible?
Una pregunta atroz.

*** Hampstead. (1970). [Ed. GG: pág. 840]

Es imposible predecir cómo terminará la historia de los judíos, ¿Quedarán los que han permanecido entre sus enemigos o desaparecerán también ellos?
A veces me gustaría no ser judío, aunque sólo fuera para tener sobre ellos una opinión que no sea egoísta,
Pero quiero ser un judío, para no ahorrarme ninguna de las adversidades que les han sido impuestas. No quiero apartar de mí esa especie de amenaza colectiva, porque es un claro ejemplo para todas las amenazas de índole parecida, y lo obliga a uno a no pasarlas nunca por alto ni a olvidarlas.
La actitud vigilante del judío, quien en ningún sentido es mejor ni peor que otros, me parece propicia para las operaciones de orden intelectual-moral.
El que la ha recibido debe aprovecharla} o dar gracias por ella y regalar lo que ésta le proporciona de conocimiento a los demás, que no la poseen en la misma medida, porque no la necesitan tanto.

*** Apuntes 1973-1984. (1974). [Ed. GG: pp. 76-877]


Tuesday, July 9, 2013

[Letra I] - Ideas


Letra I

IDEAS

Los que me han precedido se burlan de mí. Les basta con que sus ideas se muerdan firmemente la cola. Creen que así han comprendido realmente algo y, sin embargo, es tan solo su propio pensamiento aislado que ya vuelve a morderse la cola. Cuanto más a menudo lo hace, piensan ellos, tanto mejor, y si llega incluso a alimentarse de su propio cuerpo, caen en una especie de arrobamiento. Yo, en cambio, vivo con el único temor de que mis pensamientos demuestren ser ciertos demasiado pronto; también por eso les doy tiempo para que dejen al descubierto toda su falsedad o al menos cambien de piel.

*** La provincia del hombre 1943-1972. (1943). [Ed. GG: pp. 42-43]

Poca importancia doy al efecto que las ideas propias puedan tener sobre otras personas o, para ser más explícito, no sé cuál podría ser ese efecto. Por lo general sucede que lanzamos al mundo nuevas frases hechas, fútiles y desgastadas, aunque esto no es en absoluto el verdadero efecto. Todo, sea lo que sea, acaba por convertirse en una frase hecha. Y algo que llega a serlo con excesiva facilidad no tiene por qué ser necesariamente malo.
El auténtico efecto consiste en los repentinos empujones que otros reciben de uno. Por razones inexplicables, una frase o una palabra se transforman en una fuente de energía. Al hacer impacto sobre otro, provocan un alud de Piedras que nunca hubiéramos podido prever, ya por el simple hecho de que no conocemos realmente el territorio de ningún otro. Estos desprendimientos de piedras pueden ser buenos o malos; cuando son muy violentos, suelen ser destructores. Sin embargo, esto nada tiene que ver con aquello que en verdad habíamos pensado y querido, y así todo efecto es ciego. Si no supiésemos hasta qué punto hemos necesitado de esos efectos antes de ser capaces de pensar por cuenta propia, podríamos desesperarnos y enmudecer por completo.

*** La provincia del hombre 1943-1972. (1968). [Ed. GG: pág. 346]

¿Habré reflexionado suficientemente sobre la supervivencia? ¿No me habré limitado demasiado al aspecto que entronca con la esencia del poder, desatendiendo, a fuerza de centrarme obstinadamente en él, otros quizá no menos importantes? ¿Qué puede uno pensar sin dejar casi todo el resto de lado? ¿Se deberán acaso todos los inventos y descubrimientos a la omisión de lo más importante?
Quizá sea ésta una de las razones fundamentales por las que escribo mi vida, y de la forma más completa posible. Tendría que reinstalar las ideas en su punto de origen para que parezcan más naturales. Es posible que al hacerlo les dé otro énfasis. No quiero corregir nada, pero sí quiero recuperar la vida que entonces las envolvía, acercarla y hacerla circular otra vez por ellas.

*** El corazón secreto del reloj. (1977). [Ed. GG: pp. 447-448]

Él aparta de sí las ideas que se presentan cuando son necesarias y las guarda en el saco de las cosas útiles.
Intenta retener las ideas que surgen de improviso, sin razón ni sentido algunos, antes de que vuelvan a sumergirse por si mismas. Son sus joyas.
Pero cada vez más ideas –esto ha de reconocerlo– tienen su razón exclusivamente en el miedo. ¿Cómo podrá examinarlas? ¿Tendrá algún valor su peso?

*** El corazón secreto del reloj. (1978). [Ed. GG: pág. 456]


Todavía no has aprendido a captar el instante en toda su fuerza: supones que seguirá brillando, no lo reconoces como tal; crees que una palabra nueva no puede apagarse. Pero todas se apagan, sólo existe lo que realmente anotas en el instante. Tendrás que reconocer esta limitación o terminarás por perderte tu verdadera vida, la de las ideas.

*** El suplicio de las moscas. (Parte IV). [Ed. GG: pág. 631]

He ido a parar a un laberinto formado por las ideas más extrañas, quizá porque no he temido enfrentarme a esta época, quizá por fanfarronería, por una especie de convicción juvenil de que era posible superarla intelectualmente incluso a ella; pero, sea cual sea la razón, ahí está el laberinto, y yo en medio, y debo encontrar una salida tanto para otros como para mí.

*** El suplicio de las moscas. (Parte IV). [Ed. GG: pág. 631]